Fui a ver a Tal Ben-Shahar en su visita a Chile, es profesor y autor de renombre internacional en los campos de la felicidad y el liderazgo, fue creador de una de las cátedras más exitosas en Harvard del tema de la felicidad.
Una de las frases que dijo y que me resonó muchísimo fue que uno de los elementos que contribuyen a la búsqueda del bienestar y el florecimiento es darnos permiso para ser humanos, que frase tan poderosa, permiso para ser humano.
Entonces eso significa equivocarnos y volver a levantarnos, implica experimentar toda la gama emocional, no sólo lo que solemos llamar emociones positivas, sino también las que no son placenteras, la rabia, el miedo, la frustración y la desesperanza.
También aparece la aceptación de la imperfección, es por eso que la famosa y utópica búsqueda de la felicidad como un estado permanente de emociones positivas no es real, es positivismo tóxico.
Aceptar nuestras imperfecciones, nuestros errores, nuestra completa emocionalidad así como nuestro juicio y sus respectivos errores es lo que nos hace humanos.
Aceptarnos sin juzgarnos, con autocompasión y con humanidad compartida de que todos pasamos por lo mismo, ahí no hay mejores ni peores.
Aceptar que estamos entrando en los últimos meses del año y vienen las múltiples presiones inevitables, las fiestas obligadas, las reuniones e interminables celebraciones, intercambios de regalos, las compras, las tiendas abarrotadas, en el trabajo los cierres anuales y la evaluación de desempeño.
Está bien no estar bien, está bien no ser “wonder nada” y esta bien decir que no a lo que no queramos hacer, está bien, regalarse un día de no hacer nada en la batahola de fin de año. Está bien reconciliarnos con nuestra vulnerabilidad, se requiere coraje para ser vulnerable.
Somos humanos, bien por ello, pero mejor que eso, bien por poder aceptar todos nuestros matices. Por eso es que somos seres en construcción, aceptar nuestras luces y nuestras sombras es reconciliarnos con la esencia de darnos permiso para ser humanos.


