Siempre quise aportar consuelo y dar a otros, pensé que esta carta sería el inicio. La soledad, no aquella que se busca, sino la soledad del que quedo sólo o que las circunstancias lo llevaron a la soledad, son personas que para mí sí son visibles.
Te veo, me preocupa lo que sientes, sé que muchas veces puedes sentirte invisible y puedo imaginarme lo duro que debe sentirse esa invisibilidad. Una de las cosas que genera más infelicidad y malestar es el no sentirse visto, por ello te escribo esta carta.
No quiero que te concentres necesariamente en lo que te llevo a estar así aislado, quiero que te concentres en un recuerdo cálido que tengas compartiendo con alguien. Seguro fuiste parte de algo, de una comunidad, de un grupo, de un trabajo, busca ese recuerdo y atesóralo para usarlo como tu “pasaje al pertenecer”, cada vez que sientas tristeza o que te sientas mal por estar así, piensa en tu pasaje al recuerdo.
Evoca ese o esos momentos, fuiste importante, abrazaste, acompañaste, fuiste alguien para alguien y a lo mejor esta carta llega en momento en que podrías volver a serlo, si es así te invito a que lo pienses, como hacerlo, sé que requiere coraje, pero sin riesgos no hay ganancias, sin ser vulnerable no se es fuerte. Diseña un plan para retomar ese contacto que necesitas y que anhelas, escríbelo, diséñalo y comprométete.
Ahora, si no es posible volver a ese o esos círculos, no pierdas la oportunidad que brinda el recuerdo, los humanos tenemos el poder del saboreo, del recuerdo vívido que nutre, que cuida, que es como una mantita para el alma.
La vida te ofrece opciones para tener tus momentos felices, ¿Qué como es? Implica aprovechar el sabor de un durazno en verano, sentir el viento en la cara caminando, escuchar las risas de los niños jugando, la certeza de la campanada de la iglesia y del olor del pan recién salido.
Te mando un abrazo calientito, blandito de esos que reconfortan.
Cuídate y cariños para ti.


